Durante 15 días, Georgina Marrapodi estuvo en Fort Laudardale, Estados Unidos, con algunos compañeros del San Joaquín School para perfeccionar el inglés en el Instituto Embassy CES.
Yo la conocí hace tres años. Primer elemento que me llamó la atención: le gustaba el arte. Había alguien de 18 años con una locura particular como aquellas que tenía yo. Las dos comenzamos periodismo. Ella dice que no es por vocación pero raramente puedo explicar entonces como hace para escribir de la forma en que lo hace. Le apasionan la moda, los museos, la historia de Francia y el idioma inglés. Se queja si no lo practica constantemente. Nacida en Villa Ballester-Gran Buenos Aires- hace 21 años, Georgina Marrapodi me contó una experiencia que me hubiese encantado tener y que muchas personas sienten curiosidad de conocer: viajar a otro país para reforzar un idioma.
En el 2006, cuando los estudiantes del último año piensan en Bariloche, en el baile de egresados y la vida universitaria, Georgina decidió agregarle un compromiso más para despedir su vida estudiantil. Gracias a su colegio, el aporte de sus papás y su voluntad, Georgina se subió a un avión de la empresa brasilera TAM junto con algunos amigos y compañeros del San Joaquín School para llegar a Miami y experimentar la vida en el primer mundo.

Vista del Hotel donde se hospedaron
“Creo que todos aquellos que puedan y quieran hacerlo, deberían decidir pasar un tiempo estudiando afuera. Sé que puede ser costoso, pero si tienen posibilidades, es una gran inversión. A mi me aportó cosas en lo personal y en lo académico”, dispara. Georgina aún desea poder estar en Inglaterra-otra raison d’etre que compartimos-y el motivo principal, es el aprendizaje. “Me enseñó un poco a manejarme sola y, además, en el extranjero, con el cambio de idioma y todo. Si bien estaba con mis amigos, no se puede comparar a las comodidades que uno tiene en su casa o en un viaje más íntimo como con la familia, donde siempre hay mucha confianza.Me ayudó a conocer cómo es otro país, a descubrir a otra cultura. Siempre aporta el hecho de ver cosas nuevas, nos ayuda a mejorar lo que ya somos hoy en día”, explica.
Para un argentino, el cambio es radical una vez que se pisa el suelo de Estados Unidos. Ella admite que Miami no es la ciudad más espectacular, pero que en Fort Laudardale las expectactivas albergadas desde Argentina, comienzan a cobrar forma. “Yo nunca había viajado en avión ni había salido del país sin mis papás. Cuando llegué allá me impresionó la belleza del lugar, la limpieza, la organización, la variedad de productos (comida,revistas, tecnología, programas de TV, shoppings, ropa, etc). Me fascino eso. La puntualidad, el orden… bien de primer mundo”, cuenta Georgina y aún hoy se le ilumina el rostro de tan sólo pensar en la vida más tranquila. “Me quería quedar a vivir allá, sentía que vivía en una postal”, anuncia, como si todavia me quedaran dudas.

Las playas de Fort Lauderdale
Durante la estadía, con vista al mar includa en el hotel, ella y su grupo se levantaban a las siete de la mañana para desayunar. A las nueve tenían que estar en el Instituto, ubicado a diez minutos del hotel, donde compartían las clases con otros estudiantes de Colombia, Asia, entre otros lugares. Despues de una evaluación de nivel, el primer día, se los dividió de acuerdo al nivel de inglés incorporado hasta el momento. Admite que de gramática no aprendió más que lo visto en Argentina, pero sí muchas expresiones locales reforzadas por Steven, un profesor “típicamente” norteamericano.
Por la tarde, vivían una especie de “day off”. Recorrieron Miami, paseron en barco en el delta de Fot Lauderdale para alimentar su envidia con las mansiones, museos de arte, paseos por los shoppings. En fin, lo que se hace en calidad de turista. Sin embargo, no todo era viaje de placer. Por la noche debían cocinarse en la habitación-previa visita al supermercado con la caída del sol-para todo el grupo.
Entre tanto estudio y actividad, la escapada de fin de semana no podía faltar. ¿Que mejor que Walt Disney World para rematar 15 días de aventura? “Estuvimos sólo 2 días pero fue increíble. No sólo divertido, sino también un lugar genial. No sé como describirlo, porque todo fue nuevo: el merchandising, los juegos, el clima de ese lugar. Todo era felicidad, alegría… genial” describe Georgina.
Si a este viaje le faltaba algo, era una típica celebración nortamericana. Mientras permanecían en el territorio más poderoso del planeta, Thanksgiving-Día de Acción de Gracias-tomaba forma. “El instituto organizó una cena con todos los estudiantes de Fort Lauderdale. Fuimos a un hotel (tipo apart) donde habían otros estudiantes y allí comimos la cena típica: pavo y las demás guarniciones. Fue muy divertido. Nunca había estado en una celebración así. También conocimos otros estudiantes: había asiáticos, franceses, italianos”, recuerda.

Georgina Marrapodi recomienda la experiencia
Tres años después, se desprendió momentáneamente de inglés y se embarcó de lleno-conmigo-en el francés. A los 21 años, aprender un idioma es mucho mas difícil que cuando se es adolescente. Georgina lo sabe: “En el instituto había gente mayor, pero sabemos que cuanto mas grande uno es, más dificil se le hace para aprender un idioma”. Agrega que “Para alguien que tenga un inglés avanzado creo que es preferible estudios superiores. Digo esa edad adolescente porque hoy en día creo que la gente que se interesa por ese tipo de experiencias ya sabe bastante inglés, este tipo de institutos es para alguien de 15 o 16 años que ya sepan bastante bien inglés”.
Mientras ya casi termina la carrera de periodismo y sueña con otro destino, sabe que lo vivido en Fort Lauderdale la marcó de por vida. Hay muchos chicos que se atreven a experimentar durante todo un año en una casa familiar dentro de una cultura totalmente distinta. Para aquellos que busquen una opción no tan extrema por el sacrificio que requiere el instituto Embassy CES, como otros, ofrecen esta oportunidad. Para Georgina no sólo se trató de reforzar el idioma. Ella aprendió que la calidad de vida en una ciudad puede mejorar si es limpia y prolija y donde se respeten los horarios. Georgina conluye: “En esos 15 días todo fue ordenado”.